La
adolescencia es un periodo del desarrollo humano que se caracteriza por
el inicio de un proceso de emancipación de los padres y el
establecimiento de la identidad personal a través de la identificación
con los pares sociales, cuya presión es un factor de riesgo de tipo
social que influye en la decisión de los jóvenes por iniciarse en el
consumo de drogas (Velasco-Fernández, 2009).
La
presión social se expresa como argumentos de persuasión o coerción
ejercida por los pares consumidores para convencer a los miembros del
grupo de incurrir en el uso de sustancias adictivas. En el caso del
consumo de bebidas alcohólicas, entre estudiantes universitarios en
Estados Unidos, la influencia del grupo primario de amigos aumenta la
frecuencia de reuniones para el consumo y la cantidad ingerida por
ocasión (Varela y Pritchard, 2011). En lo que se refiere al uso del
tabaco, en España, pertenecer a un grupo social en el que hay
consumidores es un factor de riesgo que incrementa la probabilidad de
que los adolescentes aprendan socialmente a desplegar las conductas de
un fumador activo (Irles-Lloret y col., 2013).

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